lunes, 30 de septiembre de 2013

LA FIEBRE - SEGUNDA PARTE

Anabel Cristina de la Torre - Pediatra
    En la publicación anterior hemos visto en qué consiste la fiebre, por qué se produce, la diferencia entre fiebre y febrícula y los factores que hacen que la medición de la temperatura corporal pueda variar. 
    En esta publicación vamos a tratar los síntomas y comportamiento del niño en los procesos febriles y cómo tratarlos.
     
Cosas que debemos saber de la fiebre
  • La fiebre puede provocar por sí misma una serie de síntomas como temblores, escalofríos, cefalea, vómitos, dolor abdominal, molestias musculares, inapetencia... que no orientan sobre el foco del cuadro infeccioso.

  • La exploración física y las pruebas complementarias pierden valor en procesos poco evolucionados, es decir, procesos que han empezado con fiebre hace pocas horas. En estos casos, la observación del niño tiene una importancia básica.
  • Cuando en situación afebril el niño se muestra enfermo y decaído, tenemos que darle más importancia que si cuando le baja la fiebre está como siempre (contento, jugando, riendo...). Debemos esperar a que pasen más horas para que así pueda dar la cara el cuadro. La fiebre por muy escasa que sea, puede producir decaimiento en el niño; solo deberá alertar si el decaimiento es importante y persiste pese a lograr bajar la temperatura por debajo de 37,5º.

  • No siempre es necesario tratar la fiebre (como dijimos en la publicación anterior), o al menos no siempre es necesario hacerlo de forma inmediata y agresiva. Sí debemos hacerlo en los niños que con fiebre se encuentran mal. En pediatría es habitual descubrir que un niño tiene fiebre porque se le nota caliente, pero no porque esté decaído.
  • Los antitérmicos suelen bajar la temperatura 1-1,5º. Si el niño tiene 38º, tras dar medicación se quedará con 36,5º-37º. Pero y ¿si tiene 39.5º? puede bajarle a 38º y no más. Esto no quiere decir que no haya hecho efecto la medicación; sí ha hecho pero no baja más.
  • El fármaco tarda 30-90 min en hacer efecto. Si se lo damos y a los 30 min no solo no le ha bajado sino que encima le ha subido la temperatura, no quiere decir que no le ha hecho nada, sino que todavía no ha comenzado a hacer su función y la fiebre está siguiendo su curso.

¿Qué medidas debemos tomar ante un niño con fiebre?

  • Observación. Para diferenciar una enfermedad leve de una potencialmente grave, vigilar todos los demás síntomas y no solo el termómetro. Un niño puede tener 40º y tener una enfermedad leve y curarse sin apenas tratamiento. Observar al niño, más que preguntarle directamente que cómo se encuentra. Muchas veces los padres sólo se plantean acudir lo más rápidamente a la consulta o a urgencias, cuando generalmente todavía no es posible determinar la causa de la fiebre.
  • No dar antibiótico antes de hacer el diagnóstico, pues oculta información y favorece la aparición de resistencias bacterianas.
  • Hidratación. La fiebre elevada induce una rápida pérdida de líquidos que puede conducir a la deshidratación, especialmente en niños pequeños. Se deben ofrecer líquidos adicionales. Las bebidas con cafeína (cola, té) deben evitarse. Los niños alimentados con lactancia materna reciben suficiente líquido en condiciones normales pero ante cuadros que cursen con fiebre debemos ofrecer agua adicional.

  • Alimentación. Lo normal es que un niño con fiebre coma menos de lo normal o incluso no quiera comer; es normal, no te preocupes, preocúpate si no bebe. En los niños escolares y preescolares con fiebre, el riesgo de desnutrición es muy bajo, por lo que se les debe permitir la ingesta de alimentos que deseen, sin obligarles a comer, especialmente si el niño los rechaza. Las comidas serán mejor toleradas en los intervalos sin fiebre, en los que el niño suele recuperar su vitalidad habitual.

  • Ubicación.
    • El lugar más adecuado para un niño con fiebre es su casa, pero puede realizar salidas fuera del hogar.
    • La valoración más adecuada de su estado se realizará en la consulta del pediatra, no existiendo motivo alguno por el que no pueda ser trasladado a ella. En general la valoración por el pediatra será más objetiva en ausencia de fiebre en el momento de la exploración (frecuentemente los padres prefieren que el pediatra valore al niño coincidiendo con la elevación febril).
    • Si el niño se encuentra bien no tiene porqué estar en la cama.
    • Es prudente que no vaya a la guardería o colegio hasta que la temperatura permanezca normal durante 24 horas.
  • Medida físicas.
    • Se debe mantener a un niño con fiebre en un ambiente entre 20-24º con poca ropa, lo que facilitará la eliminación de calor. El abrigo excesivo puede agravar la fiebre.
    • El enfriamiento corporal externo no modifica el punto de ajuste del centro termorregulador con lo que el alcance temporal de las medidas físicas es limitado. Además, casi todos los métodos de enfriamiento corporal ocasionan gran malestar para el niño. Se puede utilizar (si la respuesta a antitérmicos no es adecuada) un ventilador o baño con agua templada. La fiebre se reduce en este caso mediante la conducción del calor desde la piel hacia el agua que está a menor temperatura. Se inicia el agua con una temperatura 2-3º inferior a la axilar y puede durar unos 30 min. Los efectos secundarios del baño pueden ser escalofríos, llanto, disconfort. Los bebes toleran mejor esto y resulta más eficaz por su mayor superficie corporal relativa.

    • NO usar baños o paños con alcohol ya que pueden dificultar la eliminación de calor y/o tener efectos tóxicos a través de su absorción cutánea.
  • Utilización secuencial de antitérmicos. No existe clara evidencia científica que avale la alternancia de antitérmicos.
  •  Antitérmicos. Ibuprofeno, ácido acetil salicílico, paracetamol y metamizol.
    • En la práctica habitual los más usados son el paracetamol y el ibuprofeno. De los dos, el paracetamol es el de elección para el tratamiento de la fiebre.
    • Hay que tener en cuenta que existen variaciones individuales en la respuesta a los diferentes fármacos, por lo que puede cambiarse de medicamento si la respuesta no es satisfactoria.
    • La vía de elección para la administración es la oral. Cuando un niño suele vomitar los medicamentos podemos darlos con el estómago vacío, lo que favorece la absorción y dificulta el vómito. Debemos darlos con el estómago lleno en casos de intolerancia digestiva, aunque debemos saber que la eficacia va a ser menor. La administración rectal podría estar indicada en caso de vómitos persistentes o imposibilidad para la ingesta. Se debe evitar en la diarrea.
    • Habitualmente se realiza una administración a demanda (cuando tiene fiebre), aunque en ocasiones puede estar indicada una administración programada.

Conclusión

  • La fiebre no siempre es un "enemigo", sino que a veces es un "aliado" en la lucha contra la infección. Existe excesiva preocupación, temor (a veces verdadera fobia) ante la fiebre. Algunas personas piensan que la fiebre es siempre mala y que puede provocar daños importantes y enfermedades como la meningitis. Esto NO ES VERDAD.
  • Carencia de actitudes de observación y búsqueda de la causa de la fiebre por parte de los cuidadores de los niños. Debemos preocuparnos más por la causa de la fiebre y no si es más o menos alta o ponernos nerviosos porque no baja.
  • Afortunadamente, la causa de la fiebre en los niños es casi siempre una enfermedad leve (faringitis, amigdalitis, otitis, catarro, gastroenteritis...).
  • Uso excesivo de recursos sanitarios como consultas de Atención Primaria y Servicios de Urgencias hospitalarias. Esto es debido al agobio que produce la fiebre, pero es importante mantener la calma porque a lo mejor colapsamos los servicios y los pacientes que realmente lo necesitan no tienen hueco en la consulta y/o tienen 3 horas de espera en las urgencias.
  • Uso excesivo e incorrecto de los fármacos:
    • Utilización de fármacos incluso cuando el niño tiene apenas unas décimas y se encuentra bien.
    • Utilización sistemática, aún en niños con sólo febrícula, de dos fármacos de forma sucesiva/simultánea.
    • Dosis incorrecta.
    • Utilización profiláctica de los fármacos antipiréticos; a veces se usan como "remedio para todo".
    • No es necesario combatir la fiebre no alta, especialmente si el niño se encuentra bien.
  • La mayoría de las infecciones de la garganta y en general de las vías respiratorias altas, están producidas por virus, sobre todo en los niños más pequeños. Estos gérmenes no responden a los antibióticos por lo que es inútil darlos. Además podemos entorpecer la respuesta de las bacterias a los antibióticos en las infecciones futuras.
  • Utiliza medidas físicas suaves (desabrigar y cuando sea necesario baños templados) cuando la fiebre sea alta. Ofrece líquidos para beber poco a poco y frecuentemente.
  • Si crees que tu hijo tiene fiebre usa el termómetro. No te fíes de la impresión de calor a través del tacto.

Debes contactar urgentemente con el pediatra cuando tu hijo tenga fiebre y...

  1. Tenga menos de 1 mes. 
  2. Decaimiento o convulsiones.
  3. Somnolencia y/o mareos y/o pérdida de conocimiento.
  4. Dolor de cabeza intenso, vómitos que no ceden, irritabilidad, en los períodos sin fiebre.
  5. Respiración muy agitada.
  6. Manchas en la piel no habituales.



Próxima publicación "la escarlatina"

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